¿Bendito trabajo, ERTE o maldito desempleo? Cómo afecta a nuestra salud mental.

Poco se habla del deterioro de la Salud Mental, tanto durante el confinamiento como en los años que están por llegar. Quizá no se trate de una pandemia tan conocida como la de la Covid-19, porque sus efectos sobre la economía son más difíciles de percibir a corto plazo, y en esto sabemos que el ser humano tiene verdaderos problemas. 

Pero esta pandemia de la Enfermedad Mental ha existido desde los principios de la humanidad o mejor dicho, desde que empezamos a catalogarla incluso en función de si eres o no productivo para el Sistema Económico. 

Desde 2019 en la Comunidad Autónoma de Canarias contamos con un Plan de Salud Mental.  Tras estudiarlo me sorprendió que unos de los principales riesgos que según la Organización Mundial de la Salud predisponen a padecer una enfermedad mental: la situación de desempleo y el propio trabajo en sí, aparecían prácticamente de soslayo. 

Será práctica común a ambos el que nos acostumbremos a las heladas y a los ardores, a la sed y al hambre, a la frugalidad del alimento y a la dureza del lecho, a la abstinencia de los placeres y a la paciencia en los trabajos.

MUSONIO RUFO, DISERTACIONES 6

Esto me hace confirmar el punto ciego que representan estos dos factores de riesgo, no sólo dentro de la del Sistema de Salud sino también dentro del Sistema de Empleo públicos: tan sólo hay que ver la falta de soluciones eficaces centradas en dichos riesgos. En el Mercado de Trabajo gracias a la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, se obliga a las empresas a velar por la seguridad y la salud de sus plantillas, pero cuando pasas a estar en situación de desempleo, la prevención de tu salud mental queda en el abandono total, aún tratándose de un Deber Fundamental para los poderes públicos. 

La salud mental de un 46 % de los españoles está en riesgo por la crisis de la Covid-19.

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En la propia Encuesta de Salud Mental de Canarias del año 2015, se establece ya una correlación negativa respecto al trabajo y a la situación de desempleo con el riesgo de sufrir un deterioro de la salud mental: ambos porcentajes de riesgo se encuentran por encima del 30%. A día de hoy esos porcentajes ya se empiezan a encontrar lejos de la realidad, ya que según un estudio internacional realizado por la Universitat Oberta de Catalunya la salud mental de un 46 % de los españoles está en riesgo por la crisis de la Covid-19. A todo lo anterior habrá que sumar la consecuencias negativas del constante e histórico aumento de la precariedad de nuestro mercado de trabajo, que hará que ese 46% de riesgo siga en aumento, y por consiguiente las principales afecciones relacionadas con el trabajo o el desempleo: fatiga mental, estados de ansiedad, depresión, angustia e incluso suicidios. 

Por lo tanto, si según la Encuesta de Salud Mental de Canarias ya partíamos de un deterioro de la salud mental gracias al “bendito trabajo” y también al “maldito desempleo”, ahora habrá que añadir a cientos de miles de personas que están siendo afectadas por los ERTE. No hace falta tener muchas luces para intuir que los 6 meses iniciales previstos para los ERTE serán 9 meses o incluso más de un año en el caso de las Islas Canarias. Se incrementará por lo tanto el riesgo de deterioro de la salud mental de los trabajadores y trabajadoras que se encuentran afectados por dichas medidas. En su menor grado supondrá la pérdida de agilidad mental: más necesaria que nunca para sacar adelante a las empresas ante la batalla económica y social a la que se enfrentarán, máxime cuando todas las medidas y ayudas provisionales comiencen a agotarse. 

A quien no quisieres ver temblando en plena acción, ejercítalo antes de la acción.

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Este aspecto mental que no es atendido ni de forma suficiente ni eficaz por los poderes públicos, además hay que contextualizamos en el mercado de trabajo de las Islas Canarias: caracterizado por la realización de operaciones elementales, asociadas en la mayoría de los casos al sector servicios. Este período de “barbecho mental” que suponen los ERTE, y por el que están pasando decenas de miles de personas, para las que su trabajo prácticamente suponía el periodo de mayor actividad mental, se agravará por la creciente falta de valores de mejora personal y reeducación constante que empobrece a toda nuestra sociedad. Lo hemos podido comprobar durante el período de confinamiento, donde reinó la cultura del entretenimiento y consumismo online (incluso el de la formación).  

La falta de cultura y acciones preventivas ante la pérdida de salud mental en nuestra sociedad en general, y la falta de promoción de la misma asociadas al Trabajo y el Desempleo, sin duda hará que en el mejor de los casos de reactivación económica mundial, y en Canarias del sector turístico en concreto, sigamos siendo la comunidad autónoma menos productiva de España, y cada día más alejada en todos los indicadores socioeconómicos que midan la calidad de vida.

De nuevo vamos a sufrir consecuencias negativas de nuestra irresponsabilidad si creemos que durante estos meses de confinamiento y de ERTE no van a pasar factura a las personas que se reincorporen en su puesto de trabajo. La falta de “entrenamiento mental” será también una de las variables que influyan a la hora de determinar qué personas serán despedidas para prevenir la ya maltrecha situación financiera de las pequeñas y medianas empresas canarias. 

Tampoco debemos olvidarnos de uno de los grupos de riesgo más importantes a la hora de padecer una enfermedad mental: las personas que tienen más de 45 años y se encuentran sin trabajo desde hace años. Estas personas ya suponían el mayor porcentaje de los ingresos en las Unidades de Salud Mental de Canarias. A partir de ahora, unido a las dificultades económicas que ya venían sufriendo, se añade la falta de perspectiva y de esperanza en sus proyectos de vida, lo cual supondrán nuevas barreras para regresar al mercado de trabajo, más relevantes incluso que sus competencias profesionales o educativas.

¡Esclavo! No busco eso (tus títulos), sino cuáles son tus impulsos y tus repulsiones, tus deseos y tus rechazos, cómo te aplicas a los asuntos y cómo te los propones y cómo te preparas, si de acuerdo o en desacuerdo con la naturaleza.

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Durante todo el tiempo de confinamiento a pesar de la “pantomima productiva” que muchas personas escenificaron con el teletrabajo por primer vez, así como quienes están afectados por ERTE o el Desempleo, podrían haber comenzado a experimentar una mayor desorientación temporal e incluso espacial, también dejado de compartir experiencias, metas y proyectos de vida, y para la mayoría de personas en esta sociedad, que son aquellas que se identifican con un puesto de trabajo, la peor pérdida puede que haya sido la del SER

Este período de suspensión contractual que suponen los ERTE ha acelerado el proceso de deterioro psicológico y madurativo de las personas que los sufren. Antes este deterioro se iniciaba desde el primer momento que éramos conscientes de que nos estaban preparando el despido. Ahora bajamos de forma acelerada la escalera al sótano del desempleo de larga duración: una situación que con las acciones de los servicios de empleo, se convierte en irreversible y que genera un mayor sufrimiento en la persona.

Por ahora los ERTE (y otro tipo de prestaciones no contributivas: Ingreso Mínimo Vital, ayudas al alquiler, suministros, alimentos, etc.) han supuesto un alivio ante la pérdida total de ingresos económicos, pero sin duda las personas afectadas por ERTE sufrirán también la pérdida de estatus, y sus consecuencias por la inadaptación a un nuevo rol: el de trabajadores y trabajadoras con una relación laboral suspendida y sumida en la incertidumbre. Igual situación que sufre quién transita hacia la situación de desempleo de larga duración. Esta caída será mayor cuanto más alto sea el puesto desde el que se caiga. De tal modo podemos decir que los ERTE afectarán no sólo la salud mental de las personas con puestos de trabajo poco cualificados, sino también aquellos más especializados y que suelen estar mejor pagados. Esta pérdida de estatus podría ser relevante para la ya escasa capacidad de liderazgo existente en las empresas y por lo tanto a la productividad.

«En la guerra son más adecuados los cuerpos que se pueden encoger tras sus defensas que los que sobresalen y cuyo tamaño de ofrece por todas partes a los golpes»

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Por lo tanto poca repercusión tendrán para la salud mental de la población afectada por ERTE o en situación de Desempleo de Larga Duración, los clásicos cursos de formación, planes de empleo de rescate social de las administraciones públicas, o sesiones de tutoría y orientación laboral de unos servicios de empleo, que como se ha demostrado con el resto de administraciones públicas no están preparadas. Quizá va siendo hora de empezar a evaluar los principios y valores que rigen las políticas activas de empleo, y que hacen que estas sean poco eficaces para la ciudadanía desde hace muchos años.

Ninguna de las previsiones económicas para Canarias me hacen prever que la productividad alcance índices similares a los anteriores al inicio de la pandemia, ni a medio ni a largo plazo: la salud mental no conoce de períodos contables, fiscales o presupuestarios. Y ni las empresas ni el sistema económico salen adelante con una clase trabajadora empobrecida, en situación de desempleo y con bajos niveles de salud mental.

La salud mental no conoce de períodos contables, fiscales o presupuestarios.

De agravarse el abandono de los poderes públicos e incapacidad de las empresas ante la prevención y promoción de la salud mental de las personas que conforman el Mercado de Trabajo: incluso en situación de desempleo, y querer poner todas las esperanzas en las variables personales de afrontamiento que tenga cada persona, una vez más erramos: porque la fuerza de las condiciones sociales y económicas son tan potentes que nos hará sufrir similares males a la mayor parte de la ciudadanía, que en las Islas Canarias es aquella que sólo tiene en el trabajo la única posibilidad de seguir sobreviviendo. 

Ya estamos pagando la falta de valentía que tuvimos durante el confinamiento para afrontar esta tragedia: estamos viendo que la especie humana no ha aprendido la lección, y mucho menos si lo que nos mostraban en la televisión era en mayor parte todo lo contrario (sonrisas, aplausos, etc.). Supongo que esa estrategia respondía a una necesidad económica, para que desde el primer día de plena libertad empezáramos a llenar los centros comerciales, pero no contamos con el resto de consecuencias: una sociedad que no tuvo la oportunidad y que tampoco se responsabilizó de aprender de las tragedias inherentes al ser humano: como hacían nuestros antepasados ¡claro, que en aquel entonces no existía ni la tele ni internet! La manipulación tenía otros medios y alcance. 

No nos podemos permitir seguir con el despilfarro de las políticas actuales de empleo, y mucho menos seguir pensando en aplicarlas de forma generalizada y generar mayor frustración y sufrimiento, cuando la realidad económica y las necesidades de la ciudadanía son otras: más inciertas que nunca. 

Por ello los poderes públicos deben confiar un poco más en la capacidad del SER HUMANO, y  empezar a contemplar soluciones creativas, que aporten tanto a las personas en situación de desempleo como aquellas que están afectadas por ERTE, medidas eficaces para afrontar no sólo la pérdida de salud mental, sino también la readaptación a los nuevos roles personales y sociales que vamos a tener que asumir a partir de ahora en esta «nueva normalidad«. Medidas que supongan un sustento ético que fortalezca a la persona en su proceso de rehabilitación sociolaboral.

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