Más Escuelas Potenciadoras para 2020

 

Estos últimos días del verano y antes de que comiencen las clases, he aprovechado para actualizar el Enunciado de mi Misión. Lo supe porque he tenido uno de esos días en los que te vienes encontrando algo raro sin saber por qué, porque todo está aparentemente perfecto. Unos días de esos en los que le echas la culpa a la meteorología o ¡incluso a los astros!

Pero como nada ocurre por casualidad, sino que hay que estar un poco más atento a la vida, ayer sábado me confundí con el horario de inicio de la clase de yoga: estaba deseándola porque me iba a reencontrar con una gran persona y profesional ¡sabía que me iba a venir muy bien para esta rareza! (En realidad el yoga siempre sienta bien). Así que ya preparado con la mochila y bañador, para después de la clase de yoga irme a dar un bañito en la Playa de Las Canteras, me dejé llevar, y aprovechando que la marea estaba baja me fui a pensar y reflexionar como un antiguo griego, con tal fortuna que el móvil se quedó sin batería a los pocos minutos de empezar a andar.

Pero como nada ocurre por casualidad, sino que hay que estar un poco más atento a la vida, comencé a andar: una brisa fresca me daba energía, una luz perfecta y suave me mostraba el camino, así que me adentré en la experiencia. De repente empecé a prestar a atención a la suavidad del agua en cada paso, me sentía tan alineado, tan tranquilo que aprovechando que casi estaba sólo en la playa, comencé a caminar con los ojos cerrados ¡ahora sí que todo era perfecto! Lo curioso es que mi cuerpo comenzó a andar de una forma natural (de ese modo que me cuesta tanto encontrar en las clases de yoga). De vez en cuando abría los ojos para ver si mi cuerpo me mantenía en la dirección correcta, y lo asombroso es que no me había desviado casi nada, incluso era capaz de caminar entre la gente.

Pero como nada ocurre por casualidad, sino que hay que estar un poco más atento a la vida y a lo que sentimos, seguí andando hasta el final de la playa, donde se encuentran los diques de una antigua conservera y sitio de mi niñez y juventud. Sabía que todo lo que había experimentado por el camino me iba a predisponer para lo mejor: ¡ENCONTRARME! Así que allí sentado conmigo decidí que era el momento para revisar el enunciado de mi Misión en la vida… que por ahora ha quedado así:

«Seguiré llevando mi vocación y la experiencia de todos estos años en las Escuelas Potenciadoras, a cada rincón de las Islas Canarias.  Para que las personas que están sufriendo el Desempleo de Larga Duración no sigan perdidas en el camino. Porque mucho trabajo queda aún por delante en esta sociedad tan individualista, mediocre y materialista: cada vez menos humana. El miedo a perder ese yo impuesto nunca nos ayudará a creer en el potencial que tenemos los seres humanos cuando encontramos el Sentido de la Vida. Por ello es nuestra Responsabilidad liderar el cambio hacia una sociedad más Humana. Encontrarnos en las Escuelas Potenciadoras es riqueza, generosidad, y nos mantiene vivos allá donde queramos ir.» Raúl Henríq 15/09/19

 

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